Des-doblamiento
Otra vez estoy soñando. O es el sueño que salió de mi cabeza y se metió en el armario. De todos modos, él me mira. Y yo finjo no saber qué está mirando. En el gesto de ignorar, pretender, hacer de cuentas que, el sueño se abre hacia mí como una Flor de Saturno. Muestra los dientes aterciopelados, de color violeta. Su aliento a vino me empalaga. Lo que me trae el recuerdo de aquella otra flor, que vive escondida en las selvas asiáticas, difícil de encontrar. Sigo el olor a carne en descomposición hasta llegar a ella.
Su pelo cae sobre mi pelo como una cortina oscura que me cubre la espalda cuando tengo frío y entonces puedo saber que llegué a lo que estaba buscando. Si pudiera trazar un mapa en mi cabeza, para poder volver la próxima vez. Pero la idea es difusa y pronto la forma se disuelve entre las nubes. Veo su cara, pero el pelo no me envuelve. Despacio, se aleja de mí lo que yo creo que puede ser mi cuerpo mientras descanso. Por un momento, quiero ser ella. No ser ni tener la certeza de que estoy soñando. Quiero soñar que me despierto, intento besar mi propia boca, conocer el sabor de mis labios. Pero cuando me acerco, el olor de la flor me descompone.
Algo tira de mis piernas, me despierta bruscamente. Miro el reloj, todavía faltan tres horas para que suene la alarma. La luna de madrugada produce un puntillismo delicado sobre la oscuridad de mi habitación, en cualquier momento amanece. Estoy sola, pero la manta forma un bulto en una esquina del cuarto y pienso que tal vez podría dejar de estarlo. Podría traer el bulto hasta mí. Sostenerlo.
Levanto la persiana para fumar un cigarrillo. El chispazo del encendedor me quema las pestañas y el olor trae algo de lo que estaba soñando. La Flor de Saturno viene a mí, pero tuve que olvidar su forma. Son pocas las cosas que quedan en el cuerpo cuando una vuelve, fragmentos irrecuperables de la conciencia. No prendo las luces, la noche me abraza. Estoy metida en ella o ella intenta meterse en mí pero entre nosotras existe ese increíble diálogo.
Luisa. —me dice al oído. Lo divertido es que después de tanto tiempo, cambió la forma de pronunciar mi nombre. Y yo para ella soy Luisa, aunque solía decirme Lou.
Luna.
No quiero decirle mucho más, fumamos en silencio. Luna oscila en mi cabeza como un satélite. Hay algo especial entre nosotras, algo que nos hace diferentes cuando estamos juntas. Quiero quedarme un rato más hablando, aunque nuestra manera de dialogar no implica decir nada precisamente. Es más una conversación de gestos, sonrisas. Busco otro cigarro como excusa para quedarme, ella me pide que le convide. Soplo el humo sobre su nariz.
Lou, ¿así era, no?
Pensé que te habías olvidado.
Louisa, cambiaste. Yo sigo siendo la misma.
No entiendo muy bien a dónde podemos llegar, me gustaría escucharla pero no agrega más nada. Hay determinación en lo que piensa, me confunde su certeza. Se queda conmigo hasta que no más, como si el humo la escondiera para después revelarla en su esplendor. Luna traza un espejismo. Y cuando parece haberme dejado sola, empiezo a sentir cosquilleo de sus uñas que rascan mis pies.
Me despierta el ruido de la puerta que se cierra de un golpe. Estoy sola, las sábanas me envuelven. En algún momento de la noche fumé, por eso el olor. El sonambulismo me vuelve estúpida, imprudente. Abro la persiana para ventilar, aire fresco que se lleva la asfixia del encierro. Faltan seis horas para que suene la alarma. Abrupto malhumor desesperanza. Odio cuando el día empieza horas antes del horario en que efectivamente va a empezar, entre las nueve de la mañana y la hora que efectivamente es. En la oscuridad busco los lentes, la libreta, intento recuperar algo de lo soñado. Pero hacia atrás mis recuerdos se deshacen como arena entre las manos, no puedo agarrarlos. Me asomo al balcón, la luz nocturna me distrae. El portero eléctrico del edificio emite un sonido y una mujer de pelo largo sale. Cruza la calle y antes de girar por la esquina, se da vuelta. Sus ojos se clavan en mí. No la conozco, pero al mirarla puedo sentir que ella tiene algo de mí. Algo que perdí. Algo que me falta.
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